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Los muertos indóciles (Introducción)

1 Leave a comment on Párrafo 1 0 Por Cristina Rivera Garza

2 Leave a comment on Párrafo 2 0 NECROPOLÍTICA Y ESCRITURA

3 Leave a comment on Párrafo 3 0 No son pocos los escritores que introducen con gracia, con cierta facilidad, la figura de la muerte al analizar las relaciones de la escritura con los contextos en que ésta se produce. Lo dice la narradora experimental norteamericana Camilla Roy: “En cierto sentido, el escritor siempre está ya muerto, en lo que concierne al lector”. Lo dice Helene Cixous: “Cada uno de nosotros de manera individual y libremente debemos hacer el trabajo que consiste en repensar lo que es tu muerte y mi muerte, ambas inseparables. La escritura se origina en esa relación”. Lo dice, desde el título mismo, Margeret Atwood en su libro de ensayos sobre la práctica de la escritura titulado, aptamente, Negotiating with the Dead. A Writer on Writing. Lo dice el escritor libanés Elías Khoury, autor de La puerta del sol, el libro en el que la memoria colectiva y la tragedia histórica no son escatimadas en lo más mínimo. Lo dice, claro está, Juan Rulfo. Todos sus murmullos. Esos que suben o bajan por la colina detrás de la cual se asoman, ateridas, las luces de Comala, la gran necrópolis poblada de ex-muertos. Basten estos entre tantos otros ejemplos para demostrar que no sólo existe una relación estrecha entre el lenguaje escrito y la muerte, sino que, además, se trata de una relación reconocida, sino es que activamente buscada, por escritores de la más variada índole. Poetas y narradores por igual. Lo que para muchos es una metáfora a la vez iluminadora y terrorífica, se ha convertido para otros, sin embargo, en realidad cotidiana. México es un país en el que han muerto, dependiendo de las fuentes, entre 60 y 80 mil ciudadanos en circunstancias de violencia extrema durante los años de un sexenio al que pocos dudan en denominar como el de la guerra calderonista. En efecto, en el 2006, justo después de unas reñidas elecciones que algunos señalaron como fraudulentas, el presidente Felipe Calderón ordenó el inicio de una confrontación militar contra las feroces bandas de narcotraficantes que hasta entonces habían mantenido pactos de estabilidad con el poder político. Los diarios, las crónicas urbanas y, sobre todo, el rumor cotidiano, todos dieron cuenta de la creciente espectacularidad y saña de los crímenes de guerra, de la rampante impunidad del sistema penal y, en general, de la incapacidad del Estado para responder por la seguridad y el bienestar de sus ciudadanos. Poco a poco, pero de manera ineluctable, no quedó nadie que no hubiera perdido a alguien más durante la guerra. El centro del mal que, según Roberto Bolaño en “La parte de los crímenes” de 2666, latía en las inmediaciones de Santa Teresa, es decir, en la fronteriza Ciudad Juárez, se deslizó hacia otras geografías. Rodeadas de narcofosas, sitiadas por el horror y el miedo, nuevas y más brutales necrópolis fueron surgiendo en el hemisferio norte del continente americano: muy notoriamente Monterrey, antes conocida como la Sultana del norte y, sobre todo, el estado septentrional de Tamaulipas, donde en 2010 fueron encontradas las fosas que contenían los restos de los 72 migrantes centroamericanos brutalmente asesinados por el crimen organizado. Culiacán. Morelia. Veracruz. Los nombres de más estados de la república pronto se sumaron a la lista de las necrópolis contemporáneas. Palestina. África central. Chernobyl.

4 Leave a comment on Párrafo 4 0 ¿Qué significa escribir hoy en ese contexto? ¿Qué tipo de retos enfrenta el ejercicio de la escritura en un medio donde la precariedad del trabajo y la muerte horrísona constituyen la materia de todos los días?¿Cuáles son los diálogos estéticos y éticos a los que nos avienta el hecho de escribir, literalmente, rodeados de muertos? Éstas y otras preguntas son planteadas a lo largo de las páginas que siguen, sin olvidar, tampoco, que las comunidades literarias de los mundos post-humanos de hoy atraviesan lo que ha llegado a ser acaso la revolución de nuestra era: el auge y expansión del uso de las tecnologías digitales. En efecto, la muerte se extiende a menudo a través de los mismos territorios por donde avanzan, cual legión contemporánea, las conexiones de internet. La sangre y las pantallas confundidas. Si la escritura se pretende crítica del estado de las cosas, ¿cómo es posible, desde y con la escritura, desarticular la gramática del poder depredador del neoliberalismo exacerbado y sus mortales máquinas de guerra?

5 Leave a comment on Párrafo 5 0 En los Estados contemporáneos, tal como argumenta Achille Mbembe en “Necropolítica”, el artículo que publicó en Public Culture en 2003, “la última expresión de la soberanía reside en el poder y la capacidad de dictar quién puede vivir y quién debe morir”. “Ejercer la soberanía”, añade, “es ejercer el control sobre la mortalidad y definir a la vida como una manifestación de ese poder”. Si alguna vez la categoría de biopoder, acuñada por Michel Foucault, ayudó a explicar “el dominio de la vida sobre el cual el poder ha tomado el control”; Mbembe contrapone ahora el concepto de necropoder, es decir, “el dominio de la muerte sobre el cual el poder ha tomado el control” para entender la compleja red que se teje entre la violencia y la política en vastos territorios del orbe. México, sin duda, es uno de ellos. México, que inicia el siglo XXI, como antes el XX, padeciendo la reformulación de los términos de la explotación capitalista en tanto vecino más cercano del imperio, y reconfigurando también los términos, como con la revolución de 1910, de su resistencia. Como pocas naciones en el globo terráqueo, México se enfrenta a las prácticas de lo que Adriana Cavarero llama el horrorismo contemporáneo—formas de violencia espectacular y extrema que no sólo atentan contra la vida humana, sino además, y acaso sobre todo, contra la condición humana.

6 Leave a comment on Párrafo 6 0 Las máquinas de guerra actuales no pretenden, como lo hicieron las de la era moderna, establecer estados de emergencia y generar conflictos bélicos con el fin de dominar territorios. En un contexto de movilidad global y en concordancia con nociones nomádicas del espacio en tanto entidad desterritorializada o en segmentos, las máquinas de guerra de la necropolítica reconocen que “ni las operaciones militares ni el ejercicio del derecho a matar son ya monopolio de los Estados; y el ejército regular ya no es, por tanto, la única forma de llevar a cabo estas funciones”. Tal como lo ha ejemplificado el narcotráfico en México, ya sea en una relación de autonomía o de incorporación con respecto al Estado mismo, estas máquinas de guerra toman prestados elementos de los ejércitos regulares pero también añaden sus propios miembros. Ante todo, la máquina de guerra adquiere múltiples funciones, desde la de organización política hasta la de operaciones mercantiles. De hecho, el Estado, en estas circunstancias, puede convertirse en una máquina de guerra en sí mismo.

7 Leave a comment on Párrafo 7 0 Enfrentados a las estructuras y quehaceres del Estado moderno, gran parte de las escrituras de la resistencia de la segunda mitad del siglo XX trabajaron en un sentido o en otro con el lema adorniano a la cabeza: “la resistencia del poema —léase aquí: escritura— individual contra el campo cultural de la comodificación capitalista en el que el lenguaje ha llegado a ser meramente instrumental”. Para escapar de la instrumentalización del lenguaje más propia de la mercancía que de la creación crítica, los más diversos escritores utilizaron, entre otras estrategias, la denuncia indirecta, el rechazo a la transparencia del lenguaje o a la idea de éste como mero vehículo de significado, una cierta sintáctica distorsionada, la constante crítica a la referencialidad, el socavamiento de la posición del yo lírico, la derrota continúa de las expectativas del lector. Todas ellas, en efecto, caracterizaron a los modernismos o vanguardias ya en Estados Unidos o en América Latina a lo largo del siglo XX.

8 Leave a comment on Párrafo 8 0 Las estrategias del poder de la necropolítica, sin embargo, han vuelto obsoletas, sino es que han reintegrado, muchas de estas alternativas. El Estado contemporáneo, a decir de Giorgio Agamben, además y sobre todo desubjetiviza, es decir, saca del lenguaje al sujeto, transformándolo de un hablante en un viviente. El que, horrorizado, abre los ojos incapaz de responder ante los embates de la violencia pasa, de acuerdo con Cavarero, por un proceso similar. De ahí, y por eso, la creciente relevancia crítica que han adquirido ciertos procesos de escritura eminentemente dialógicos, es decir, aquellos en los que el imperio de la autoría en tanto productora de sentido se ha desplazado de manera radical de la unicidad del autor, hacia la función del lector, quien, en lugar de apropiarse, se desapropia del material del mundo que es el otro. A esa práctica, por llevarse a cabo en condiciones de extrema mortandad y en soportes que van del papel a la pantalla digital, llamo necroescritura en este libro. A la poética que las sostiene sin propiedad, o retando constantemente el concepto y la práctica de la propiedad, pero en una interdependencia mutua con respecto al lenguaje, la denomino como desapropiación. Menos un diagnóstico de la producción actual y más un efecto de lectura crítica de lo que se produce actualmente, estos términos pretenden animar una conversación donde la escritura y la política son relevantes por igual.

9 Leave a comment on Párrafo 9 0 Lejos de volver propio lo ajeno, regresándolo así al circuito del capital y de la autoría a través de las estrategias de apropiación tan características del primer enfrentamiento de la escritura con las máquinas digitales del siglo XXI, esta postura crítica se deja regir por una poética de la desapropiación que busca enfáticamente desposeerse del domino de lo propio, configurando comunalidades de escritura que, develando el trabajo colectivo de los muchos, como el concepto antropológico mixe y zapoteco del que provienen, atienden a lógicas de cuidado mutuo y prácticas del bien común que retan la naturalidad y la aparente inmanencia de los lenguajes del capitalismo globalizado. Lejos, pues, del paternalista dar voz de ciertas subjetividades imperiales o del ingenuo colocarse en los zapatos de otros, se trata aquí de prácticas de escritura que traen a esos zapatos y esos otros a la materialidad de un texto que es, en este sentido, siempre un texto fraguado relacionalmente, es decir, en comunidad. Y por comunidad aquí me refiero no sólo al entramado físico que constituyen el autor y el lector y el texto, sino también —y aquí parafraseo un concepto de comunalidad al que volveré después—a esa experiencia de pertenencia mutua con el lenguaje y de trabajo colectivo con otros que son constitutivos del texto.

10 Leave a comment on Párrafo 10 0 Nótese, de manera por demás interesante y hasta sospechosa, la presencia de los vocablos dominio y propio en un actuar estético que, desde la negatividad, es decir, desde el desposeer, se vuelve necesariamente político. Estamos frente al surgimiento de autorías plurales que, lejos de proponer una fusión estable, una especie de monstruo bicéfalo al que le corresponde la unidad, mantiene y muestra la tensión que marca la relación entre lo literario y lo escritural propiamente dicho. La teórica argentina Josefina Ludmer ha ya recalcado que una de las características de la producción textual más reciente en América Latina no respeta la división estricta entre lo literario y lo no literario que distinguió tanto el quehacer de los escritores durante gran parte del siglo XX. Confundiendo, más que fundiendo, el borde entre la auto-ficción y lo propiamente ficticio, estas escrituras se conforman con (¿o aspiran a?) producir presente. Sus palabras literales eran éstas: “Estas escrituras no admiten lecturas literarias; esto quiere decir que no se sabe o no importa si son o no son literatura. Y tampoco se sabe o no importa si son realidad o ficción. Se instalan localmente y en una realidad cotidiana para fabricar presente y ése es precisamente su sentido.” Las escrituras electrónicas en soportes sociales como el blog o twitter son la evidencia hasta el momento más notable de este tipo de entrecruzamientos. Gran parte de la escritura documental que se practica hoy en día, tanto en verso como en prosa, corresponde a esta dimensión de la desposesión sobre el domino de lo propio que subvierte usos convencionales de material de archivo y, luego entonces, interpretaciones también convencionales de lo que es o podrían ser las novelas históricas y lo que es, en suma, la escritura de la historia. Las escrituras planetarias que cuestionan a la universalidad del sujeto global a través de una interconexión entre cuerpo-comunidad-naturaleza son parte, sin duda, de esta búsqueda. Aquí también pueden incluirse los tantos libros que, por su carácter híbrido y su estructura fragmentaria, insisten en ser llamados inclasificables cuando son más que reconocibles y reconocidos entre los lectores.

11 Leave a comment on Párrafo 11 0 Si el apropiacionismo conceptualista contribuyó, de manera acaso paradójica, a la tachadura de autorías subalternas y al re-encubramiento del escritor profesional como sampleador de fragmentos de otros, las estrategias de desapropiación se mueven hacia lo propio y hacia lo ajeno en tanto ajeno, rechazando necesariamente el regreso a la circulación de la autoría y el capital, pero manteniendo las inscripciones del otro y de los otros en el proceso textual. Y aquí ese mantener las inscripciones de los otros, trabajar con este acoplamiento o este abrazo, no es un asunto menor. Se trata de una poética, pues, que ha dejado de creer que el único afuera del lenguaje, como lo diría Barthes, o la única alteración del lenguaje, como lo sugería Benjamin, se consigue a través del código de lo literario y que, por consecuencia, explora críticamente las estrategias de producción, distribución, y archivación de las distintas articulaciones textuales con el lenguaje público de la cultura. Se trata de escrituras que exploran el adentro y el afuera del lenguaje, es decir, su acaecer social en comunidad, justo entre los discursos y los decires de los otros en que nos convertimos todos cuando estamos relacionalmente con otros.

12 Leave a comment on Párrafo 12 0 Desapropiadas, pues. Sin dueño en el sentido estricto del término. Inconvenientes. Aunque, con mayor precisión tal vez, impropias. Se trata de escrituras ajenas a una persona o circunstancia, de acuerdo a la definición de la Real Academia Española, y de escrituras que, al no saber comportarse apropiadamente, muestran la cara más crítica, que es con frecuencia la cara más otra, de lo que acontece.

13 Leave a comment on Párrafo 13 0 UNA CONVERSACIÓN

14 Leave a comment on Párrafo 14 0 Decía Katy Acker que “[…]cada que hablamos acerca de la narrativa, acerca de las estructuras narrativas, estamos hablando del poder político. No hay torres de marfil. El deseo de jugar, de hacer que las estructuras literarias se entrometan y participen de zonas desconocidas o incognoscibles, aquéllas caracterizadas por el azar y la muerte y la falta de lenguaje, es también el deseo de vivir en un mundo ilimitado. Jugar, pues, tanto con la estructura como con contenido, denota un deseo por vivir en el asombro.” Este deseo de vivir en el asombro, este deseo por resistir tanto estética como éticamente fuera de las torres de marfil del mundo, caracteriza sin duda a una de las conversaciones literarias más significativas de nuestro tiempo. En un inicio, sin duda, fue la apropiación. Una de las estrategias adoptadas por los escritores de las más diversas tradiciones ante el primer embate de las máquinas digitales consistió en apropiarse, ya a través de la copia o el reciclaje, la tachadura o la excavación, de la sobreabundancia textual característica de la época. Tanto en Estados Unidos como en España —desde el flanco de la poesía y de la narrativa, respectivamente— surgieron grupos de escritores que respondieron de manera creativa, cuando no entusiasta, ante una revolución tecnológica que no pocos compararon con el momento en que el pintura enfrentó el nacimiento de la fotografía en otras épocas. La desapropiación es, así, la forma crítica de la escritura en su momento post-conceptual y post-mutante.

15 Leave a comment on Párrafo 15 0 De los conceptualistas norteamericanos a los mutantes españoles, pasando por los post-exóticos franceses y los que se identifican con una literatura de izquierda desde Argentina, estos autores de textos tan diversos han insistido, sin embargo, en una serie de elementos en común: la estrecha relación entre producción escritural y tecnología digital; una articulación de lo literario con el lenguaje público de la cultura a través de, entre otras, estrategias de escritura documental; la relevancia estética y política del uso masivo de técnicas de desapropiación textual facilitadas por el rápido acceso a la tecnología; la consecuente subversión de la función del narrador, o cualquier otro elemento de la ficción convencional, como eje único de producción de significado; el uso de la traducción como lengua original; la yuxtaposición y la elipsis como principios secuenciales; y la mezcla de géneros.

16 Leave a comment on Párrafo 16 0 En efecto, los primeros años del siglo XXI vieron florecer a la así llamada escritura conceptual en los Estados Unidos—una serie de estrategias que, alimentándose de las vanguardias del siglo anterior y poniendo énfasis en el concepto que hace funcionar el texto, más que en el texto en sí, propuso formas de apropiación que, en mucho, dinamitaron nociones más bien conservadoras, si no es que retrógradas, de la autoría y el yo lírico. Sirviéndose de la alegoría y el pastiche, subvirtiendo a los clásicos a través de su propio reciclaje, o intentando, en sus momentos más visiblemente políticos, de articular (redimir, habría dicho Walter Benjamin) el discurso público a través de una serie de técnicas asociadas a la estética citacionista, estas escrituras conceptuales dejaron en claro que la literatura —vuelta un adjetivo y no un sustantivo— no saldría indemne de sus tratos con las plataformas 2.0.

17 Leave a comment on Párrafo 17 0 Vanessa Place y Robert Fitterman publicaron, por ejemplo, Notes on Conceptualisms en una pequeña editorial independiente en 2009, una colección sucinta de jeroglíficos teóricos con los que dieron cuenta del surgimiento y el quehacer práctico y político de la escritura conceptual en los Estados Unidos. Ahí plantearon que toda escritura conceptual es, sobre todo, una escritura alegórica que ha desplazado su foco de atención de los procesos de producción a los de post-producción textual, transformando así al escritor en manipulador de signos o curador del lenguaje contemporáneo. En un amplio espectro conceptualista, Place y Fitterman cuentan al barroco en un extremo y la apropiación pura en el otro, pasando por diversos niveles de hibridez y mezcla entre uno y otro. Pronto, Kenneth Goldsmith, poeta y profesor de clases de escritura no creativa, contribuyó a la discusión con Uncreative Writing. Managing Language in the Digital Era, un tratado que no sólo explica las bases teóricas de una obra que, usualmente, no contiene ninguna palabra original del autor, sino que también discute con sagacidad el papel de los escritores de inicios del siglo XXI como curadores textuales, hábiles usurpadores del copy-paste con la finalidad de mover textos existentes de un soporte a otro y así crear textos con-movidos y con-moventes. La muerte del autor extreme, en efecto.

18 Leave a comment on Párrafo 18 0 Escribiendo en otra lengua y otro continente, pero enfrentados a los mismos retos de la tecnología digital, los así llamados mutantes españoles de la generación Nozilla arrojaron a la mesa de discusiones un tratado sobre las relaciones entre la cultura popular más reciente y una escritura que no duda en nutrirse de los textos de otros, sean estos grandes autores canonizados por las historias literarias oficialistas o pedazos de lenguaje urbano encontrados al azar. Los libros de Eloy Fernández Porta, de AfterPop a Eros, e incluso su más reciente Emociónate así, reflejan en mucho una actividad interdisciplinaria, apropiadamente mutante, que va de la grafía a la música, pasando por el video. Agustín Fernández Mallo escribió, ciertamente, un ensayo en el que promueve una poesía post-lírica y urbanófaga, aunque su más interesante aportación ha sido, sin duda, su E hacedor (de Borges) Remake, el libro en que, de acuerdo a los principios de apropiación que rigen mucha de la producción digital contemporánea, Fernández Mallo re-escribió el célebre texto del autor argentino Jorge Luis Borges. Que la viuda del poeta antepusiera una demanda penal, y que la ganara, obligando a retirar el libro de los anaqueles, sólo habla de la creciente amenaza que las estrategias de apropiación textual representan para ciertos detentadores del prestigio, la autoridad autorial y la ganancia. Vicente Luis Mora, otro español, contribuyó a la discusión con un ensayo iconoclasta sobre la historia más reciente de la página y la creación de lo que él llama el lectoespectador, un lector para el que leer es ver, y ver es también ver pantallas.

19 Leave a comment on Párrafo 19 0 Antoine Volodine, desde Francia, escribió Le post-exotism en dix leçcons, leçon onze, un manifiesto o performance de ideas teóricas en el que defiende una escritura carcelaria, opuesta diametralmente al capital, que ataca de manera frontal las nociones convencionales de autoría o distribución. Para Volodine, por ejemplo, los libros post-exóticos se dirigen de manera natural y, acaso, únicamente, a aquellos que comparten el espacio de la celda. Se comparten, pues, con aquellos, es un decir, que también quieren escapar. Y sólo con ellos. Porque están enfrentadas al poder, estas escrituras tienen tratos peculiares con el lenguaje con el fin de pasar por debajo de los radares de la autoridad. Parecen similares a otras en muchos aspectos, pero en realidad, esto asegura Volodine, siempre están hablando de otra cosa —esta otra cosa es lo propio de una comunidad encarcelada cuyos miembros terminarán feneciendo pero cuya memoria, en manos del narrador, es lo único que sobrevivirá. Por eso las obras post-exóticas para perdurar se valen, a decir otra vez de Volodine, de “la recitación, la copia clandestina o el bisbiseo entre las puertas”. Por eso su fin último no es una distribución masiva —recuérdese que el enemigo puede encontrarse entre los lectores mismos— sino el inmiscuirse y llegar a formar parte, primero, de la memoria y, finalmente, del sueño. Permanencia onírica.

20 Leave a comment on Párrafo 20 0 Daniel Tabarovsky, desde Argentina, llama a su diagnóstico crítico de las literaturas comerciales o académicas de nuestro tiempo Literatura de izquierda, un título cuya carga política no puede pasar desapercibida. Partiendo de una lectura detallada de Jean-Luc Nancy y Maurice Blanchot, Tabarovsky ofrece una lectura actualizada de la producción narrativa y poética de la América Latina reciente, apostando por escrituras que continúen encontrando formas de dinamitar los aposentos del autor, el comercio y el prestigio. Aunque su criterio favorece en general estrategias puestas en boga por los distintos modernismos finiseculares, su atención recae en textos donde el trabajo estrecho con el lenguaje, especialmente cuando se escribe originalmente en traducción, es aparente. Tabarovsky aboga en este ensayo por una literatura sin público, una literatura que se dirija, así, al lenguaje mismo. Esta postura no deja de emitir ese tufillo snob de tanto libro calificado, a menudo con alarmante facilidad, como de culto.

21 Leave a comment on Párrafo 21 0 Iconoclastas, fraguados fuera de los cánones académicos propiamente dichos, estos ensayos forman parte de una conversación que ningún escritor contemporáneo puede darse el lujo de ignorar. Independientemente de los acuerdos que puedan o no generar, en estos libros se concentra gran parte del vocabulario que permitirá interpretar, y en su caso impulsar o cuestionar, aquélla producción escritural especialmente interesada en enunciarse, para utilizar una frase de ascendencia steiniana, en y con su época. Después de todo, tal como discutía la gran experimentalista norteamericana —alumna de William James y exiliada, junto a su compañera Alice B. Toklas, en París— en el ensayo “How Writing is Written” ser contemporáneo de sus contemporáneos es el reto de todo escritor. Stein exploró en ese ensayo la cuestión de las expresiones de la escritura desde su sustrato más material. La escritura como una realidad encarnada. La escritura como una indagación en el sentido temporal. Así, tratando de explicar cómo sucede el proceso de la escritura, cómo la escritura es escrita, Stein alguna vez declaró que “todos ustedes son contemporáneos unos de otros, y todo el asunto de la escritura es vivir en esa contemporaneidad”. Saber en qué consiste el sentido temporal de tal contemporaneidad es, al decir de Gertrude Stein, el deber de todo escritor que no quiere vivir bajo la sombra del pasado o la imaginación del futuro —dos de los territorios donde se perviven las obras menores. “Un escritor que está haciendo una revolución tiene que ser contemporáneo”, concluía.

22 Leave a comment on Párrafo 22 0 Indagar en ese sentido temporal, por otra parte, no es una labor abstracta sino radicalmente material. Para el escritor, esta indagación no se lleva a cabo en la mente o en las ideas de una época, sino que tiene que realizarse en el lenguaje mismo, en la sintaxis, en la oración. Las marcas del sentido temporal, sus distintas encarnaciones, no son visibles en lo que se expresa, sino en la expresión misma —en la irreductible materialidad de la escritura. De ahí, por ejemplo, el interés de Gertrude Stein por la composición, por las partes del discurso y por los métodos del habla. De ahí que soliera declarar “la puntuación es una cuestión vital” y que le dedicara ensayos enteros al significado y posicionamiento de comas, sustantivos, verbos. De ahí que, al considerar que la repetición no existe, que no hay tal cosa como la repetición, puesto que toda narración involucra una variación, Gertrude Stein escribiera su célebre: una rosa es una rosa es una rosa.

23 Leave a comment on Párrafo 23 0 También decía Stein que el escritor contemporáneo, el que escribe con/desde el sentido temporal de su época, y en contra, luego entonces, de los hábitos heredados del pasado o los imaginarios del futuro, siempre producirá algo “con la apariencia de fealdad”. Y aquí, por fealdad Stein quería decir algo irreconocible, algo con lo que los habitantes de esta época todavía no estaban familiarizados. Esta resistencia, que para Stein era tanto interna como externa, ocasionaba que el escritor contemporáneo fuera usualmente rechazado por su generación (el producto era demasiado feo) pero que sea aceptado por la siguiente—para cuyos integrantes el producto habría devenido más perceptible. Son estos tres puntos contenidos en “How Writing is Written” los que de manera más directa me llevaron a considerar a los ensayistas-narradores citados con anterioridad, de Fitterman a Mora, de Goldsmith a Volodine, como nuestros verdaderos contemporáneos del siglo XXI.

24 Leave a comment on Párrafo 24 0 EL ESTADO DE LAS COSAS Y EL ESTADO DE LOS LENGUAJES: UNA CRÍTICA

25 Leave a comment on Párrafo 25 0 A la producción textual que, alerta, emerge entre máquinas de guerra y máquinas digitales la denomino aquí como necroescrituras, siempre en plural: formas de producción textual que buscan esa desposesión sobre el dominio de lo propio. Producto de un mundo en mortandad horrísona, dominado por Estados que han sustituido su ética de responsabilidad para con los ciudadanos por la lógica de la ganancia extrema, las necroescrituras también incorporan, no obstante y acaso de manera central, prácticas gramaticales y sintácticas, así como estrategias narrativas y usos tecnológicos, que ponen en cuestión el estado de las cosas y el estados de nuestros lenguajes. A esas decisiones escriturales, ligadas estrechamente aunque también de manera oposicional a la necropolítica de hoy, las denomino aquí poéticas de la desapropiación, sobre todo para distinguirlas de los modos de escritura que, a pesar de enunciarse como críticas, han continuado rearticulándose a los circuitos de la autoría y el capital, agrandando más que poniendo en duda, la circulación de la escritura dentro del dominio de lo propio. Políticas en el sentido más amplio del término, violentas y violentadas por los embates de un mundo ya crepuscular, estas necroescrituras impropias van de la mano de la muerte, sobre las piernas de la muerte, en el plexo de la muerte, a donde quiera que se dirigen. Se trata, como se define oficialmente el vocablo, del fin de la vida, del momento en que una cosa llega a su término. Morir. Pero también se trata, y sigo aquí respetando las definiciones aceptadas de manera oficial, de “sentir muy intensamente algún afecto, deseo, o pasión”. Uno se muere de risa o de sed o de amor. Uno, acaso, muera de deseo por vivir, como lo quería Kathy Acker, en el asombro. Uno muere, tal vez, por vivir asombrosamente. Por escribir desapropiadamente.

26 Leave a comment on Párrafo 26 0 CADÁVERES TEXTUALES

27 Leave a comment on Párrafo 27 0 ……………………………………….

28 Leave a comment on Párrafo 28 0 ……………………………………….

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30 Leave a comment on Párrafo 30 0 ……………………………………….

31 Leave a comment on Párrafo 31 0 ¿No hay nadie?, pregunta la mujer del Paraguay.

32 Leave a comment on Párrafo 32 0 Respuesta: No hay cadáveres.

33 Leave a comment on Párrafo 33 0 Nestor Perlongher, Hay cadáveres

34 Leave a comment on Párrafo 34 0 Ha sido muy común referirse a la parte más importante de un escrito, o la más voluminosa en todo caso, como al cuerpo textual. Conectado a una variedad de apéndices, tales como el encabezado o los pies de página, y estructurado a través de párrafos o secciones más amplias, como los capítulos, se entendía que ese cuerpo era una especie de organismo con un funcionamiento interno propio y con una conexión ya implícita o explícita con otros de su misma especie. Un organismo se define, después de todo, por su capacidad de intercambiar materia y energía con su entorno. Avalado por la conexión estable a una autoría específica, el organismo del que hablábamos cuando hablábamos del cuerpo textual era, en todo caso, un organismo vivo. Así, no pocos escritores, tanto hombres como mujeres, se acostumbraron a describir el proceso creativo como un tiempo de gestación y, a la publicación de una obra, como un parto. El cuerpo textual que era ya de por sí un organismo era, también y sobre todo, un ser vivo. Nadie daba a luz difuntos. O nadie aceptaba que lo hacía.

35 Leave a comment on Párrafo 35 0 Las condiciones establecidas por las máquinas de guerra de la necropolítica contemporánea han roto, por fuerza, la equivalencia que unía al cuerpo textual con la vida. Un organismo no siempre es un ser vivo. Es más: en tanto ser vivo, a un organismo lo define, argumentaba bien Adriana Cavarero, el estado de vulnerabilidad de lo que siempre está a punto de morir. En circunstancias de violencia extrema, como por ejemplo en contextos de tortura, las argucias del necropoder logran transformar la natural vulnerabilidad del sujeto en un estado inerme que limita dramáticamente su quehacer y su agencia, es decir, su humanidad misma. Un organismo puede muy bien ser un ser muerto. No es exagerado, pues, concluir que en tiempos de un neoliberalismo exacerbado, en los que la ley de la ganancia a toda costa ha creado condiciones de horrorismo extremo, el cuerpo textual se ha vuelto, como tantos otros organismos alguna vez con vida, un cadáver textual. Ciertamente, desde el psicoanálisis hasta el formalismo, por señalar sólo dos grandes vertientes del pensamiento del siglo XX, han elaborado, y mucho, sobre el carácter mortuorio de la letra, el aura de duelo y melancolía que acompaña sin duda a todo texto, pero pocas veces como en el presente las relaciones entre el texto y el cadáver han pasado a ser tan estrechas, literalmente. La Comala de Rulfo, esa tierra liminal que tantos han considerado fundacional de cierta literatura fantástica mexicana, ha dejado de ser un mero producto de la imaginación, o del ejercicio formal, para convertirse en la verdadera ur-necrópolis en la que se genera el tipo de existencia, no necesariamente vida, que caracteriza a la producción textual de hoy. Hay, sin duda, atajos que van de Comala a Ciudad Juárez o a Ciudad Mier. Y los caminos suben o bajan, liberan o entrampan, según uno vaya o uno venga, en efecto.

36 Leave a comment on Párrafo 36 0 Toda genealogía de los cadáveres textuales de la necroescritura debe detenerse, al menos, en dos paradas del camino: el cadáver exquisito con el que los surrealistas jugaron por allá de mediados de la década de los veinte, y la muerte del autor que tanto Roland Barthes como Michel Foucault prescribieron a la literatura romántica que todavía consideraba, y considera, al autor tanto como poseedor del lenguaje que utiliza y como eje o juez último de los significados de un texto. Ambas propuestas críticas, que incorporan de manera preponderante la experiencia mortuoria en los mismos encabezados de sus argumentos, privilegian una producción escritural que, con base en un principio de ensamblaje, es a la vez anónima y colectiva, espontánea, cuando no es que automática y, de ser posible, lúdica. Acaso sea más que una coincidencia lúgubre que Nicanor Parra y Vicente Huidobro hayan llamado quebrantahuesos a lo que de otra manera era conocido como cadáveres exquisitos. Dentro del campo de la co-incidencia, entendido éste como el campo magnético que congrega piezas fundamentales de la cultura, están los cadáveres que va identificando el poeta argentino Néstor Perlongher entre la conversaciones cotidianas y, también, en los agujeros de la pronunciación. Lo que encontramos ahí, en todos ellos, es la cita sin atribución, la frase abierta, la construcción de secuencias sonoras más que lógicas, la excavación, el reciclaje, los puntos sucesivos que, como sucede en el epígrafe que abre esta sección, están ahí para señalar lo que no está o no puede enunciarse, entre muchas otras estrategias textuales que aseguran la con-ficción de textos.

37 Leave a comment on Párrafo 37 0 No es del todo azaroso, pues, que la cercanía con el lenguaje de la muerte, o lo que es lo mismo, con la experiencia del cadáver, ponga de relieve una materialidad y una comunidad textual en las que la autoría ha dejado de ser una función vital para ceder su espacio a la función de la lectura y la autoría del lector como autoridad última. Sólo los textos muertos están abiertos o pueden abrirse. Sólo los cuerpos muertos, aptamente abiertos, resucitan. En tanto cadáver y en su condición de cadáver, pues, el texto puede ser enterrado y exhumado; el texto puede ser diseccionado para su análisis forense o desaparecido, debido a la saña estética y/o política de los tiempos. El texto yace bajo la tierra o levita en el aire en forma de cenizas pero, por estar más allá de la vida, escapa a los dictados de la originalidad, la verosimilitud, y la coherencia que dominaron las autorías del XX.

38 Leave a comment on Párrafo 38 0 En El cadáver del enemigo. Violencia y muerte en la guerra contemporánea, un libro que no por discreto deja de ser fundamental para nuestro entendimiento de las relaciones entre la muerte y la escritura a inicios del XXI, Giovanni de Luna argumenta que el forense es, de hecho, el narrador por excelencia del mundo actual. Sólo el forense logra “hacer hablar a los muertos”. Son los forenses lo que interrogan a los cadáveres “para adentrarse en lo que fue su vida, en todo aquello que conformó su pasado y ha quedado atrapado en su cuerpo”. Así, “por medio de sus informes y anotaciones, los médicos preparan los cuerpos de los muertos para ofrecerlos como documentos a los historiadores [escritores]; a lo largo de un proceso en el que las marcas y las heridas se convierten en textos literarios [las fichas anamnésicas], los cadáveres abandonan su silencio y empiezan a hablar haciendo aflorar fragmentos documentales insustituibles”. Roque Dalton tenía razón: “Los muertos están cada día más indóciles./ Hoy se ponen irónicos/ preguntan./ Me parece que caen en la cuenta/ de ser cada vez más la mayoría”.

39 Leave a comment on Párrafo 39 0 Los escritos que se producen en condiciones de necropolítica son así, en realidad, fichas anamnésicas de la cultura. Hay cadáveres, repetía Néstor Perlongher al final de cada estrofa del poema del mismo nombre, señalando su ausencia. Hay cadáveres, sostendría, obligándonos a recordar, cada ficha anamnésica. Al final del poema de Perlongher, sin embargo, ante la pregunta de la mujer de Paraguay “¿No hay nadie?”, algo o alguien responde, “no hay cadáveres”, el verso que rompe la repetición y cierra el poema, volviendo así sensible la desaparición de los cadáveres que, paradójicamente, vuelve visibles y audibles a los que sí proliferan en el país y, por lo tanto, en las líneas anteriores del poema.

40 Leave a comment on Párrafo 40 0 A la mujer de Paraguay se le tendría que decir, esta vez: Sí, hay cadáveres. Y éstas son sus fichas anamnésicas. Lejos de darlos a luz, los escritores, comportándose como forenses, los leen con cuidado, los interrogan, los excavan o los exhuman a través del reciclaje o la copia, los preparan y los recontextualizan, los detectan si han sido dados de alta como desaparecidos. Al final, con algo de suerte, los entierran en el cuerpo del lector, donde, como quería Antoine Volodine, post-exótico ejemplar, se convertirán en los sueños que nunca nos dejarán dormir ni vivir en paz. Y si eso no es trastocar nuestras percepciones del mundo y nuestra experiencia del mismo de manera radical, entonces ¿qué es? Seguramente no son exquisitos y acaso tampoco beban del nuevo vino del siglo XX, ni del XXI, pero estos cadáveres hechos de texto, estos textos aptamente muertos, son los que configuran las pantallas de la actualidad: los rectángulos en los que nos vemos y donde nos vemos vernos mientras un cursor palpita sin parar, y las letras aparecen y desaparecen como la fe, a veces, o como las luciérnagas.

41 Leave a comment on Párrafo 41 0 Toda producción textual ha pasado, al menos desde el siglo XV, por el interfaz de la página, pero la página en la que todavía se organiza el interfaz de la computadora del XXI tiene funciones que, poco a poco, pero tal vez de manera inexorable, nos han enseñado a pensar en cada uno de estos elementos de la narrativa de manera radicalmente distinta. Como ya lo ha dejado claro la escritura conceptual, el uso frecuente del copy-paste no sólo vuelve insignificante la diferencias de escala (se puede copiar y añadir un pixel o un fragmento de imagen o un video) o de género literario (se puede copiar y añadir un verso o una imagen en movimiento o un bloque de líneas) sino que también cuestiona la originalidad del autor y el tema más general de la propiedad sobre el lenguaje. Relacionado sin duda al pastiche y al collage, el uso masivo y cotidiano del copy-paste ha convertido a los más distintos autores en curadores textuales para quienes las distinciones entre narrador y autor o el respeto por la verosimilitud poco tiene que ver con la efectividad de su proceso creativo o el objeto resultante de su exploración. Crónicas de motel, de Sam Shepard, o The Collected Works of Billy de Kid, de Michael Ondaatje, fueron considerados libros inclasificables en su tiempo. Lo mismo le sucedió a Dictée, de la autora coreano-americana Theresa Chá. Ahora podrían verse como precursores de un cierto tipo de libro cuya lectura crítica requeriría, de entrada, una terminología que incluyera conceptos como yuxtaposición, tiempo real, formas alternativas del yo narrativo. Tal vez esos fueron los primeros libros que precisaron de nuestros ojos de hoy.

42 Leave a comment on Párrafo 42 0 Según Lev Manevich, en The Language of New Media, aunque la historia del interfaz de la computadora es relativamente corta, sus usuarios nos hemos acostumbrado, entre otras cosas, a manipular a los objetos directamente en la pantalla, a la superposición constante de ventanas, a la representación de íconos y los menús dinámicos. Si desde los ochenta, y en sincronía con la crisis financiera que volvería obsoleto el capitalismo industrial de corte taylorista, los productores de textos —los trabajadores post-fordistas del capital inmaterial— enfrentamos una realidad peculiar en la pantalla, ¿por qué habría de exigírsenos una subordinación a los principios textuales del XX, si no es que de antes? Esa pregunta también la encaran —y encarar es, sobre todo, ya lo decía Celan, encarar a la muerte— las necroescrituras de hoy.

43 Leave a comment on Párrafo 43 0 EL TRABAJO INMATERIAL Y LA RESISTENCIA DE LAS VIDAS ASOMBRADAS

44 Leave a comment on Párrafo 44 0 Si los teóricos del post-fordismo tienen razón, vivimos entonces en una época en que el trabajo inmaterial—basado en el conocimiento no formal, la imaginación o la inventiva—ha reemplazado al trabajo físico como productor de plusvalía. Ciertamente, las habilidades lingüísticas se han convertido en un factor fundamental tanto en la producción de mercancías como en la forma en que éstas adquieren valor. El surgimiento y la sobrevivencia del capitalismo cognitivo, también conocido como biocapitalismo, capitalismo post-industrial o semiocapitalismo, depende más y más de su habilidad para incorporar, subordinar y explotar una serie de capacidades hasta ahora comunes, en el sentido de ser parte del bien común, a la experiencia humana, tales como el lenguaje, la facultad de socialización, la vivacidad, o el ánimo. El predominio del trabajo inmaterial, y la línea difusa que éste presenta entre el trabajo de producción y el de la producción del sí mismo, puede conducir fácilmente a una sociedad en que todo, del balbuceo a la amabilidad, sea susceptible de comercialización. Y éste sería, sin duda, el infierno privado de Adorno: la comodificación total.

45 Leave a comment on Párrafo 45 0 Franco Berardi, “Bifo”, el teórico del post-obrerismo italiano, señala, además, otro peligro. Cuando la relación entre el trabajo y el valor se rompe, cuando el capital financiero poco tiene que ver con la economía real, se crea un vacío que sólo puede llenar la más pura violencia o, de plano, la simulación más cínica: el engaño frontal. En el lenguaje de la post-colonialidad mbembiana, este vacío es lo que produce y colman las máquinas de guerra de la necropolítica. Ahí, en ese vacío, surgen también, como reflejo tal vez, pero también como energía de resistencia, las fichas anamnésicas de la cultura crítica de hoy: las necroescrituras.

46 Leave a comment on Párrafo 46 0 Bifo, como Gorz o Marazzi, concuerda en que vivimos en una época en que el valor de las mercancías ya no depende más del trabajo real invertido en su manufacturación sino más bien del intercambio lingüístico dentro del cual esta producción se lleva a cabo. Ahora, en un momento en que el capital financiero y la producción económica funcionan en esferas separadas, el conflicto mayor ya no se lleva a cabo entre el proletariado y los dueños de los medios de producción, sino que se establece entre el congnetariado —trabajadores intelectuales que producen mercancías semióticas de acuerdo a un sistema de disponibilidad permanente— y la clase administradora, cuya única habilidad es la competencia, de preferencia letal. Si esto es cierto, y la crisis financiera del 2008 parece confirmar que sí lo es, esta etapa precisa de una reconsideración crítica y una reapreciación específica tanto del papel del trabajo lingüístico que se requiere para la producción de textos, así como el de la producción y la distribución de los mismos.

47 Leave a comment on Párrafo 47 0 Si bien Franco Berardi “Bifo” ha llamado la atención sobre la relación especialmente peligrosa que se establece entre lenguaje y simulación —una relación que, en términos de la financiarización contemporánea, produce y conduce a la mentira y el engaño—, un análisis crítico de las condiciones actuales de producción textual no tiene por qué dejar pasar de largo su potencial libertario. Lejos de ser una mera herramienta de representación, el lenguaje se ha convertido, efectivamente, en la mayor fuente de acumulación capitalista: “espectáculo y especulación se confunden debido a la naturaleza intrínsecamente inflacionaria (metafórica) del lenguaje. La red de producción semiótica es un juego de espejos que inevitablemente lleva a una crisis de sobreproducción”. Pero el lenguaje no es un calle de un solo sentido. El lenguaje, y esto también lo nota Bifo en su Después del futuro, es esa práctica “gracias a la cual creamos mundos compartidos, formulamos declaraciones ambiguas, elaboramos metáforas”. Así, tal como lo advierten también otros críticos del sistema, aquellos que ven en el capitalismo cognitivo una forma de crisis capitalista, esa falta de distinción entre el trabajo de producción y el trabajo de producción de sí también puede llevarnos en dirección contraria a los designios del poder: a la creación de comunidades autónomas, organizadas desde abajo, fuera del ojo rector del capital. Lo que pasa fuera de la página y lo que pasa dentro de la página tienen, ahora más que nunca, una relación concreta y directa con la producción de valor social. ¿Qué haremos, los escritores, con este poder? ¿Cuál es el papel de la escritura, tanto en términos culturales como políticos, en una era en que el trabajo inmaterial —el trabajo con y desde el lenguaje, la invención, el conocimiento— es el factor fundamental en al producción de valor? En plena era del semiocapitalismo, ¿pueden los escritores imaginar y producir una práctica lingüística capaz de generar un mundo alternativo a la dominación del capital?

48 Leave a comment on Párrafo 48 0 “Sólo la movilización consciente del cuerpo erótico, sólo la revitalización poética del lenguaje abrirá el camino para el surgimiento de nuevas formas de autonomía social”, asegura Franco Berardi en The Uprising. Poetry and Finance, su más reciente libro. Haciendo eco del giro performativo que se ha registrado en buena parte de la poesía norteamericana en la era post-conceptualista, esta postura tiende a enfatizar la noción de presencia y la materialidad del cuerpo a través de la valorización de la voz. Como bien lo señala David Buuck, el riesgo de esta respuesta a formas anti-expresivas o muy mediadas de escritura es una nostalgia por algo que se denomina o se quiere como auténtico o, en el peor de los casos, un retorno acrítico a la idea misma de Autor.

49 Leave a comment on Párrafo 49 0 #ESCRITURASCONTRAELPODER

50 Leave a comment on Párrafo 50 0 Hace no tanto, y en ocasión de las manifestaciones públicas que surgieron en tiempos post-electorales (2012) en México, lancé en tuiter las siguientes preguntas: ¿Dices que el pasado se instauró en el poder pero sigues hablando de la originalidad como baluarte literario? ¿Te preocupa el estado de las cosas pero cuando escribes crees que la estética no va con la ética? ¿Estás dispuesta a transformar el mundo pero cuando narras te persignas ante la divina trinidad inicio-conflicto-resolución? ¿Te diviertes escribiendo como un loco o un niño pero a eso le llamas ejercicios o apuntes y nunca literatura? ¿Eres un as en la redes y haces mucho copy-paste pero cuando narras lo único que te preocupa es la verosimilitud?¿Quieres trastocarlo todo pero te parece que el texto publicado es intocable?¿Cuestionas la autoridad pero te inclinas ante la autoría? En resumen: ¿Estás contra el estado de las cosas pero sigues escribiendo como si en la página no pasara nada?

51 Leave a comment on Párrafo 51 0 Estos 140 caracteres, unidos por el hashtag #escriturascontraelpoder, querían poner en el tono interrogativo de la charla y la curiosidad algunas de las ideas que animan las páginas que siguen a continuación. Seguramente no todos los libros del futuro se escribirán al amparo de poéticas de la desapropiación que desestabilicen el reino de lo propio. Seguramente se seguirán produciendo libros convencionales y no convencionales al mismo tiempo; de la misma manera en que los libros publicados en papel comparten el espacio de la lectura con los libros electrónicos. Sería prudente, sin embargo, que las estrategias que configuran y estructuran a las necroescrituras de hoy formaran parte del arsenal crítico de los comentaristas contemporáneos. Acaso cuando aprendamos a leerlas con presteza y en contexto, de forma tan cuidadosa como crítica, las necroescrituras puedan mostrarnos modos de ver y experimentar el mundo con el asombro que aplaudía Kathy Acker.

52 Leave a comment on Párrafo 52 0 FICHAS ANAMNÉSICAS

53 Leave a comment on Párrafo 53 0 “Son un termómetro social. Los cadáveres te permiten analizar lo que ocurre en sus sociedades”, aseguraba no hace mucho, apenas en el 2012, la artista contemporánea Teresa Margolles en ocasión de la apertura de una de las exposiciones que muestran su trabajo con la muerte, especialmente con los cadáveres mexicanos. Nacida en el norte de México, una zona especialmente golpeada por la violencia asociada a la guerra calderonista de los últimos años, Margolles ha construido una obra inextricablemente asociada a la muerte y a los muertos: sus cuerpos, sus historias, sus expectativas, sus razones. Con ellos, más que a través de ellos, Margolles no sólo ha forjado una necropsia en vivo del país, alertando a los ciudadanos sobre los contextos que afectan de manera radical tanto a vivos como a muertos, sino que también ha elaborado una especie de fichas anamnésicas de la cultura mexicana y global en tiempos de necropolítica del capital post-industrial. A este libro lo anima un ímpetu similar. Si, como sostenía Giovani de Luna, las fichas anamnésicas son el terreno en el que las marcas y heridas del cadáver se convierten en escritura, entonces las páginas que siguen tienen como función recibir esos “fragmentos documentales insustituibles” a través de los cuales los cadáveres abandonan su silencio. Se trata, pues, de una serie de análisis no de los organismos vivos del capitalismo taylorista, sino de las señas que la cultura ha logrado dejar marcadas en los cadáveres textuales del semiocapitalismo de la necropolítica a lo largo del tiempo y a través del espacio. Se trata, luego entonces, de una especie de necrografías comparativas en las que los contextos de producción, o más precisamente, de post-producción, y distribución, juegan un papel tan relevante como las operaciones escriturales específicas a cada objeto textual.

54 Leave a comment on Párrafo 54 0 Inicio, así entonces, con la lectura de algunos libros del autor experimental David Markson, argumentando que en sus tratos con el lenguaje, en los que no por mera coincidencia figura de manera preponderante el tema de la muerte, se realiza, transformándola, la máxima de la muerte del autor —la idea que tanto Roland Barthes como Michel Foucault actualizaran hacia fines de la década de los sesenta para un público de la época. Presa de un método curatorial que pone en cuestión los grandes sistemas de la alta cultura occidental, e hibridándose entre la forma del párrafo —para muchos la base misma de la narrativa— y el verso largo, en novelas que se distinguen por su uso cabal de la yuxtaposición, los libros del último Markson anuncian acaso la desmuerte del autor. Un regreso, en efecto. Un regreso que, como todo regreso, ya lo aseguraba así Edward Said, es un regreso en falso. La obra de Markson en tanto experimentalista del lenguaje da pie a una serie de reflexiones sobre el uso (y abuso) de la autoficción en las letras de hoy, así como de las estrategias escultóricas que conforman una obra de tintes minimales que sabe dejar, sin embargo, hilos sueltos.

55 Leave a comment on Párrafo 55 0 Continúo, después, con un recorrido crítico por las veredas que se van formando en el terreno de la apropiación y la desapropiación contemporánea, deteniéndome sobre todo en los casos de México, Estados Unidos y España. Aunque una forma de la apropiación, el plagio, ha suscitado debates apasionados en distintos lugares del orbe más o menos al mismo tiempo, lo que me importa aquí no es sólo entenderlo histórica y críticamente, sino seguir hasta sus últimas consecuencias el cuestionamiento de la triada entre autor-autoridad-propiedad, proponiendo o identificando, cuando esto sea posible, formas de desapropiación textual que exponen, sin afán principista, el trabajo comunal.

56 Leave a comment on Párrafo 56 0 Aunque la escritura es, sin duda, una práctica de alteridad, tal vez ninguna otra de su formas lo pone tan explícitamente de manifiesto como la escritura documental. Porque buscan articularse a los discursos públicos de la cultura, los documentalistas no sólo han cuestionado el carácter indisputable de la agencia autorial en la producción de sentido de un texto, sino que también han planteado preguntas de relevancia estética y política acerca de las maneras en que se genera, distribuye y archiva la voz alterada: la voz del otro. De ahí las páginas que, dentro de este libro, nos llevan de las configuraciones convencionales de la novela histórica a los retos que involucra la incorporación material de las señas de otros en textos que ahora, y de manera ineludible, sólo se pueden presentar como del nosotros, volviendo visible así la comunalidad que les da sentido, aire, existencia.

57 Leave a comment on Párrafo 57 0 Lo contrario de las autorías globalizadas que circulan sin problemas de pasaporte por los circuitos del capital internacional no son las autorías locales, sino las escrituras planetarias. Haciendo eco de un término que Spivak utilizó para analizar la creciente interdisciplina en los estudios culturales, argumento aquí que una buena parte de las escrituras post-conceptuales del mundo de hoy son llevadas a cabo en ese tránsito peculiar y constante que va de lugar a lugar y de lengua a lengua, generando lo que Perloff llama literatura exofónica, y que la poeta norteamericana Juliana Spahr describe como esas prácticas textuales en los que refulge la “inquietante desorientación lingüística de la migración”.

58 Leave a comment on Párrafo 58 0 El otro no siempre es una voz o un cuerpo. Con mucha frecuencia nuestro otro más cercano es el trabajo socialmente concentrado al que denominamos como máquina. De entre todas las máquinas o, en este caso, de entre todos los soportes digitales, he elegido detenerme en twitter como un laboratorio de escrituras contemporánea, proponiendo que, tanto por su estructura como por su contenido, los tuits de hoy son buenos ejemplos de lo que Josefina Ludmer caracterizó como escrituras productoras de presente. No sabemos todavía si esto es literatura, y eso no importa, lo que sabemos, o lo que este libro invita a considerar, es que en esta práctica escritural se ponen en juego las señas colectivas en un tiempo que gráficamente desciende por la pantalla sin cesar. Que estos rectángulos efímeros llenos de lenguaje también documenten, de una manera alter-dirigida, el sentir íntimo de sus practicantes sólo añade complejidad a las conexiones de extimidad que hacen el mundo y a las escrituras de hoy. En un capítulo íntimamente relacionado a éste, pero conservando su propia unidad en tanto curaduría de textos contemporáneos en los que se entrelaza el hacer del escritor y el hacer de máquinas diversas, cierra momentáneamente la revisión de una de las co-autorías fundamentales de nuestro tiempo.

59 Leave a comment on Párrafo 59 0 Uno de los escenarios en los que se vuelve visible el trabajo colectivo que conforma las comunidalidades de escritura es, sin duda, el taller literario. Después de entretejer algunas reflexiones acerca de cómo la materialidad cotidiana —el mítico ganarse la vida— se inmiscuye en la materialidad del texto, al menos en la obra del autor mexicano Juan Rulfo, van aquí algunas consideraciones críticas, diagnósticos con historia y sugerencias varias para el futuro. Tengo la impresión de que la configuración de comunalidades horizontales que develen y propicien la serie de prácticas comunales que estructuran los textos más variados no sólo contribuyen y contribuirán a la producción de escrituras arriesgadas y fuera-de-sí, sino también, acaso sobre todo, a formas del estar-en-común que funcionen justo de la manera contraria en que funciona la violencia. En efecto, si el horror nos deja paralizados, despojados hasta de la condición humana que nos vuelve otros y nosotros, las comunalidades de escritura pueden, sí, ser la compartencia que, en su mismo celebrarse, celebra esas formas fundamentales del estar-en-común: el diálogo, la mirada crítica, la práctica de la imaginación.

60 Leave a comment on Párrafo 60 0 De ahí que este libro se interrumpa ahí, en una reflexión sobre las formas de comunalidad que las poéticas de la desapropiación ponen de manifiesto y ponen, también, a funcionar a nuevos y otros niveles. De ahí que este libro invite una y otra vez a llevar a cabo un análisis que, además de preguntarse por los procesos de subjetivación que le dan sentido a un texto, se cuestionen también y fundamentalmente sobre las prácticas de comunalidad que lo configuran y lo subvierten. Se trata, entre otras cosas, de darle la bienvenida a una poética y una práctica de escritura que, como asegurada Jean-Luc Nancy, “se nos ofrece” como aquello que “nos ocurre” o para que nos ocurra “algo en común”.

61 Leave a comment on Párrafo 61 0

RIVERA GARZA, Cristina. Los muertos indóciles. (México: Tusquets, 2013).

[Gracias a la Cristina Rivera Garza por permitirnos publicar y comentar este texto].

Fuente:http://compartencia.edicionespatito.org/?p=51