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LOS ABAJOCOMUNES. Capítulo 1 & 2

1 Leave a comment on Párrafo 1 0 Por Fred Moten/Stefano Harney

2 Leave a comment on Párrafo 2 0 [Los abajocomunes, traducido al español por Cristina Rivera Garza, Juan Pablo Anaya y Marta Malo]

3 Leave a comment on Párrafo 3 0 LA POLÍTICA SITIADA

4 Leave a comment on Párrafo 4 0 En su clásico estudio de análisis anti-imperialista sobre el cine de Hollywood, Michael Parenti apunta que los medios de simulación usan con demasiada frecuencia una visión invertida para representar a los colonizadores. En películas como Drums Along the Mohawk (1939), o Shaka Zulu (1987), el colonizador aparece asediado por nativos, invirtiendo así, de acuerdo a la perspectiva de Parenti, el papel del agresor de modo tal que el colonialismo aparece como un acto de auto-defensa. En efecto, estas películas invierten los papeles de la agresión y la auto-defensa, pero la imagen del fuerte sitiado por nativos no es falsa. Al contrario, la imagen falsa es lo que emerge cuando la crítica de la vida militarizada se basa en el olvido de la vida que rodea al fuerte. El fuerte sí estaba asediado y sigue sitiado por la vida que todavía lo circunda: los comunes más allá y más acá—antes, e incluso antes del antes—de levantar las cercas. El entorno antagoniza con el campamento militar que se ubica en sus adentros y, al mismo tiempo, trastoca los hechos con los preparativos para la fuga.

5 Leave a comment on Párrafo 5 0 Nuestra misión es defender ese entorno frente a la repetida desposesión causada por la incursión armada del colonizador. Y, aunque la violencia adquisitiva es el motivo último de la auto-defensa, el recurso de la auto-posesión frente a la rampante desposesión (este recurso, en otras palabras, de la política) es lo que representa el verdadero peligro. La política es el ataque constante contra los comunes—el antagonismo general y generativo—desde dentro del entorno.

6 Leave a comment on Párrafo 6 0 Consideren la postura sobre la auto-defensa del Partido de las Panteras Negras, los primeros teóricos de la revolución del entorno, los negros del antes, e incluso antes del antes, los ya ahí siempre y los por venir. Su compromiso doble tanto por la revolución como por la auto-defensa vino como resultado del reconocimiento de que la vida social de los negros está articulada en y con la violencia de la innovación. Esto no constituye una contradicción si la cosa nueva, siempre convocándose a sí misma, vive ya alrededor y debajo de los fuertes, las estaciones de policía, las carreteras vigiladas y las torres de las prisiones. Los panteras negras teorizaron una revolución sin política, es decir, una revolución sin sujeto y sin principio rector. En contra de la ley, puesto que ellos estaban generando la ley, hicieron todos los preparativos para ser poseídos; irremediable, optimista, incesantemente en deuda, ofrecidos al estudio inacabado y contrapuntual de y en el bien común, la pobreza y la negritud del entorno.

7 Leave a comment on Párrafo 7 0 A la auto-defensa de la revolución la confrontan no sólo la brutalidad sino también la falsa imagen del campo sitiado. La dura materialidad de lo irreal nos convence que estamos rodeados, que debemos tomar posesión de nosotros mismos, corregirnos a nosotros mismos, permanecer en estado de emergencia, en guerra permanente, tercos, determinados, defendiendo ese derecho ilusorio de lo que no tenemos, el que el colonizador toma de y desde los comunes. Pero en el momento en que esos derechos se debaten, los comunes ya no están ahí, ya están en movimiento hacia y en ese bien común que rodea tanto a los comunes como al campo sitiado. Lo que queda después es sólo política, pero incluso la política de los comunes, de la resistencia al campo sitiado, sólo puede ser una política de fines últimos, una rectitud dirigida hacia el fin regulador de lo común. E incluso cuando la elección que se ganó resulta, al final, perdida, y cuando las bombas detonan o dejan de detonar, lo común se preserva como si fuera una especie de otro lugar, aquí, alrededor, sobre la superficie del suelo, envuelto en hechos alucinógenos. Mientras tanto, la política avanza como un ejército en marcha, clamando defender lo que no ha sitiado, y sitiando lo que no puede defender y sí, en cambio, poner en peligro.

8 Leave a comment on Párrafo 8 0 El colonizador, habiendo tomado partido por la política, se arma en nombre de la civilización mientras la crítica inicia la auto-defensa de aquellos de lo que entre nosotros percibimos hostilidad en la unión civil entre el asentamiento del colonizador y el campo sitiado. Decimos, y los decimos con todo derecho, si nuestros ojos críticos son lo suficientemente agudos, que tener un lugar bajo el sol, en la sucia delgadez de esta atmósfera es nefasto y mala onda. Decimos que la casa que el alguacil estaba construyendo está en una zona de derrumbes. Y si nuestros ojos continúan enfocando con precisión, distinguiremos el rastro de la policía para poderla llevar a juicio. Y así, habiendo identificado a la política para poder mejor evadirla, nos aproximamos los unos a los otros para poder estar juntos, porque nos gusta la vida nocturna que no puede ser una vida buena. La crítica nos hace saber que la política es radioactiva, pero la política es la radiación de la crítica. Importa por cuanto tiempo lo tenemos que hacer; importa cuanto tiempo vamos a estar expuestos a los efectos letales de su energía anti-social. La crítica pone en peligro la socialidad que se dice defender, no porque pueda en algún momento tornarse hacia adentro para dañar a la política, sino porque se volverá hacia la política y, luego, hacia afuera, del fuerte hacia el entorno, donde si no fuera por la preservación que surge en celebración de lo que defendemos, la fuerza sociopoética con la que nos arropamos, porque somos pobres. Desarmar nuestra crítica, nuestras propias posiciones, nuestras fortificaciones, es juntar a la auto-defensa con la auto-preservación. Ese desmantelamiento viene con el movimiento, como un rebozo, esa armadura del fugitivo. Corremos en busca de un arma y seguimos corriendo para encontrar el lugar donde tirarla. Y la podemos tirar porque, sin importar si estamos armados o cuan armados estemos, el enemigo que enfrentamos es ilusorio.

9 Leave a comment on Párrafo 9 0 La devoción completa a la crítica de esta ilusión nos vuelve delirantes. En las triquiñuelas de la política nosotros aparecemos siempre como insuficientes, escasos, esperando en los últimos bastiones de la resistencia, en la caja de las escaleras, dentro de oscuros callejones, siempre en vano. Esta falsa imagen y su crítica amenazan a los comunes con una democracia, la cual siempre está por venir, que un buen día, el cual nunca llegará, nos transformará en más de lo que somos. Pero nosotros ya somos más de lo que somos. Ya estamos aquí, en movimiento. Ya nos la sabemos. Somos más que la política, y más que el asentamiento del colonizador, y más que democráticos. Nosotros sitiamos la falsa imagen de la democracia con el fin de trastocarla. Cada vez que trata de cercarnos con una decisión, nos volvemos indecisos. Cada que trata de representar nuestra voluntad, nos volvemos renuentes. Cada vez que trata de enraizarse, huimos (porque nosotros ya estábamos aquí, en movimiento). Pedimos y decimos y lanzamos el hechizo que nos embruja, el que nos dice qué hacer y cómo movernos aquí, donde danzamos al compás de la guerra de la aposición. Estamos en un trance que nos atraviesa y nos rodea. Nos movemos a través de él y él se mueve con nosotros más allá de los asentamientos del colonizador, más allá de desarrollo, donde la noche negra cae y nosotros odiamos estar solos, regresar a dormir hasta el amanecer, tomar hasta el amanecer, hacer los preparativos hasta el amanecer, como abrazan los comunes adentro y alrededor y en el entorno.

10 Leave a comment on Párrafo 10 0 En la clara, crítica luz del día, los administradores ilusorios se secretean sobre nuestra necesidad por las instituciones, y todas las instituciones son políticas, y toda la política es correccional, así que parece que necesitamos instituciones correccionales en los comunes, tanto para su establecimiento como para corregirnos. Pero a nosotros nadie nos corrige. Y, de hecho, así como somos de incorregibles no hay nada de malo con nosotros. No queremos estar en lo correcto ni ser corregidos. La política se propone volvernos mejores, pero nosotros ya somos mejores, ya éramos mejores en la deuda común que nunca podrá ser cubierta. Nos debemos a nosotros mismos falsificar esas instituciones, hacer de la política algo incorrecto, probar si nuestra determinación no es verdadera. Nos debemos lo indeterminado. Nos lo debemos todo.

11 Leave a comment on Párrafo 11 0 ¿Es esto una abdicación de nuestra responsabilidad política? OK. Como quieran. Lo que pasa es que somos anti-políticamente románticos sobre la vida social existente. No somos responsables de la política. Somos el antagonismo general contra esa política que acecha detrás de cada intento de politizar, cada imposición de auto-gobierno, cada decisión soberana y su miniatura degradada, cada estado emergente y su hogar dulce hogar. Somos el trastorno y el consentimiento a ese trastorno. Preservamos la agitación. Enviados para cumplir a través de la abolición, para renovar a través del desalojo, para abrir el campo sitiado cuya inmensa venalidad es inversamente proporcional a su área, hemos sitiado a la política. No nos podemos representar a nosotros mismos. No podemos ser representados.

12 Leave a comment on Párrafo 12 0 LA UNIVERSIDAD Y LOS ABAJOCOMUNES / SIETE TESIS

13 Leave a comment on Párrafo 13 0 LA ÚNICA RELACIÓN POSIBLE CON LA UNIVERSIDAD ACTUAL ES UNA RELACIÓN CRIMINAL

14 Leave a comment on Párrafo 14 0 “Atracaré en la universidad, y una vez allá atracaré”, para pedirle prestado a Pistol hacia el final de Enrique V, de la misma manera en que él seguramente nos pediría prestado a nosotros. Esta es la única relación posible con la universidad norteamericana hoy. Esto, a decir verdad, puede ser dicho de toda universidad. Pero, ciertamente, esto es un hecho en los Estados Unidos: no puede negarse que la universidad es un lugar de refugio de la misma manera en que no puede aceptarse que la universidad sea un lugar de ilustración. En estas condiciones uno sólo puede atracar en la universidad y, una vez ahí, atracar todo lo que se pueda. Abusar de su hospitalidad, escupir sobre su misión, unirse a su colonia de refugiados, a su campamento de gitanos, estar sin ser parte de—este es el camino para el intelectual subversivo en la universidad moderna.

15 Leave a comment on Párrafo 15 0 Preocúpense por la universidad. Este es el mandato en los Estados Unidos, uno con una historia bastante larga. Exigir su restauración como Harold Bloom o Stanley Fish o Gerald Graff. Exigir su reforma como Derek Bok o Bill Readings o Carey Nelson. Exigirlo de la misma manera en que te lo exigen a ti. Pero para el intelectual subversivo todo esto sucede en el piso de arriba, entre gente bien comportada, y hombres de racionalidad a toda prueba. Después de todo, el intelectual llegó con pocas expectativas, con documentos falsos, y por puro amor. Su trabajo es tan necesario como inoportuno. La universidad necesita lo que éste trae consigo pero no soporta lo que le ofrece. Y, para colmo de males, desaparece. El intelectual subversivo desaparece en el subsuelo, debajo de los de abajo de esa comunidad cimarrona de la universidad, en los abajocomunes de la ilustración, donde se lleva a cabo el trabajo y donde el trabajo se subvierte, ahí donde la revolución todavía es negra, donde todavía es fuerte.

16 Leave a comment on Párrafo 16 0 ¿Qué es ese trabajo y cuál es su capacidad social para reproducir la universidad y producir al mismo tiempo fugitividad? Si uno siguiera impartiendo clases, uno estaría llevando a cabo el trabajo de la universidad. La enseñanza es meramente una profesión y una operación de lo que Jacques Derrida denominó como el círculo onto/auto-enciclopédico de la Universitas. Pero es útil invocar esta operación para echar un vistazo al agujero en el muro por donde el trabajo entra, y avizorar así el corredor donde se llevan a cabo las contrataciones, y sus aposentos nocturnos. La universidad necesita el trabajo de enseñanza a pesar de sí misma, o en tanto sí misma, identificada consigo misma y, por lo tanto, negada de por sí. La enseñanza en sí no es lo que mantiene su capacidad social, sino algo que produce el otro lado no visible de la enseñanza, ese pensamiento a través de la piel de la universidad y hacia la orientación colectiva que se dirige hacia el objeto de conocimiento como un proyecto de futuro, y un compromiso con lo que queremos llamar la organización profética.

17 Leave a comment on Párrafo 17 0 Y, sin embargo, lo que nos congrega es la enseñanza. Antes de las becas, la investigación, las conferencias, los libros y las revistas especializadas está la experiencia de tomar clases y de impartir clases. Antes de la posición como investigador sin carga de enseñanza, antes de que los estudiantes graduados se hicieran cargo de calificar los exámenes, antes de la ristra de sabáticos, antes de la reducción permanente del número de clases, antes del nombramiento para dirigir tal o cual Centro, antes de consignar a la pedagogía como esa disciplina llamada educación, antes del curso diseñado para convertirse en un nuevo libro, lo que ocurrió fue la enseñanza. Por lo mismo, es común que se confunda el momento de dar clases para tener algo que comer con una mera etapa, como si eventualmente uno no tuviera que volver a dar clases para sobrevivir. Si esa etapa persiste, entonces se dice que hay una patología social en la universidad. Pero si la carga de enseñanza se le pasa con éxito a otro, entonces esa etapa se considera superada y el trabajo de dar clases recae sobre otros, sobre aquellos destinados a permanecer en esa etapa, la del trabajo sociopatológico de la universidad. De manera por demás interesante, Kant denomina a esta etapa como la de la “minoría auto-incurrida”. Y la contrasta con el hecho de tener “la determinación y el coraje de utilizar la inteligencia propia sin tener que servirse de la guía de otro”. “Tener el coraje de utilizar la inteligencia propia”. ¿Pero qué pasaría si el llamado consistiera en ir más allá de la enseñanza o, mejor dicho, más allá “del más allá de la enseñanza”, si se tratara de ya no trabajar para sobrevivir? ¿Qué se podría decir de todas esas minorías que se resisten, la tribu de las ovejas negras que se niegan a regresar de ese más allá (que es el más allá del más allá de la enseñanza), como si no fueran sujetos, como si quisieran pensar como objetos, como minoría? Naturalmente, todos esos perfectos sujetos de comunicación, los que se encuentran más allá de la enseñanza, los verán como un desperdicio. Pero su trabajo colectivo siempre terminará poniendo en cuestión quién en verdad toma sus órdenes de la Ilustración. Las vidas desperdiciadas por esos momentos más allá de la enseñanza cuando se profiere de manera inesperada esa frase hermosa: inesperada porque nadie la ha pedido, hermosa porque no regresará. ¿Ser el biopoder de la Ilustración es en verdad mejor que esto?

18 Leave a comment on Párrafo 18 0 Tal vez el biopoder de la Ilustración lo sabe, o tal vez sólo está reaccionando ante la objetivación de este trabajo como era de esperarse. Pero incluso cuando depende del trabajo de estas ovejas negras, de estos refugiados, no deja de llamarlos anticolegialistas, imprácticos, naive, poco profesionales. Y, entonces, le ofrecen a uno una última oportunidad de volverse pragmático: ¿por qué atracar cuando es posible obtenerlo todo?, preguntan. Pero si uno no atiende esta interpelación, si uno no está ni de acuerdo ni en desacuerdo sino que avanza con las manos llenas hacia el subsuelo de la universidad, hacia los abajocomunes, ese acto no dejará de ser visto como un atraco, como un acto criminal. Y, este acto, este mero acto, es a la vez el único acto posible.

19 Leave a comment on Párrafo 19 0 En los Abajocomunes de la universidad uno puede darse cuenta que la cuestión no está entre la enseñanza y la investigación, y ni siquiera entre el más allá de la enseñanza y la creciente individuación de la investigación. Entrar en este espacio es formar parte de la cautivante revelación de los comunes promulgada por la Ilustración fugitiva, los criminales, los matricidas, los queer, allá en la cisterna, allá en los paseos por las vidas robadas, la vida robada por la Ilustración y luego devuelta, ahí donde los comunes ofrecen refugio, y donde el refugio nos devuelve a los comunes. El más allá de la enseñanza no se trata en realidad de acabar con uno mismo, ni de pasar ni de completarse; se trata de permitir que la subjetividad sea ilegítimamente tomada por otros, una pasión y una pasividad tan radical que lo vuelve a uno inservible para la sujeción, puesto que uno no posee el tipo de agencia que pueda sostener las fuerzas regulatorias de la subjetividad, y así no es posible hacer girar la tuerca de la auto-interpelación que el biopoder de la sujeción reconoce y premia. No es tanto el proceso de enseñanza, sino más bien la profecía en la organización en el acto mismo de enseñanza. La profecía predice su propia organización—y entonces sabemos que esto ha sucedido, a través de los comunes—y la profecía también excede su propia organización y, por lo tanto, sólo queda por ser organizada. Lo que está dispuesto en contra de la organización profética de los abajocomunes es su propio entumecido trabajo por la universidad y, además, la negligencia de la profesionalización, y la profesionalización de la crítica académica. Por todo esto es que los abajocomunes son siempre una colonia peligrosa.

20 Leave a comment on Párrafo 20 0 Tal como nos recuerda Fredric Jameson, la universidad depende del “tipo de crítica ilustrada y la desmitificación de las creencias y las ideologías comprometidas para poder abrir camino a la planeación y el ´desarrollo .´” Esta es la debilidad de la universidad, ese salto hacia la Seguridad Nacional. Claro que se necesita trabajo para llevar a cabo ese tipo de crítica ilustrada, pero de alguna manera ese trabajo siempre se le escapa.

21 Leave a comment on Párrafo 21 0 Los sujetos prematuros de los Abajocomunes se tomaron en serio este llamado, o tuvieron que tomárselo en serio. Nunca estuvieron seguros acerca de la planeación—demasiado mística, demasiado llena de creencia. Y, sin embargo, la fuerza de trabajo no se reproduce a sí misma; tiene que ser reproducida. La universidad se esfuerza para que llegue el día en el que, como el capital en general, pueda deshacerse del problema del trabajo. Entonces será capaz de reproducir una fuerza de trabajo que no sólo se considere a sí misma como innecesaria sino también como peligrosa para el desarrollo del capitalismo. Una buena parte de la pedagogía y muchos estudios especializados se dirigen en esta dirección actualmente. Los estudiantes tienen que aprender a considerarse a sí mismos como el problema, lo cual, contrario a las quejas de los críticos restauracionistas de la universidad, es lo mismo que verse como sus clientes: tomar para sí la carga de la realización y resultar siempre inadecuados para llevarla a cabo. Un poco después, estos mismos estudiantes se considerarán a sí mismos como obstáculos para la sociedad y, con el aprendizaje de toda una vida, regresarán a la universidad ya diagnosticados como su verdadero problema.

22 Leave a comment on Párrafo 22 0 Y aún así, el sueño de un trabajo indiferenciado que se reconoce a sí mismo como superfluo es interrumpido precisamente por el trabajo de desalojar las barricadas en llamas de la ideología. Aunque siempre es mejor que esta tarea quede en manos de pocos, este trabajo plantea la cuestión del trabajo como diferencia, del trabajo como consecuencia de otro trabajo y, luego entonces, del trabajo como fuente de riqueza. Y, aunque la crítica ilustrada, como señalamos adelante, delata y besa la otra mejilla de cualquier intento de autonomía que resulte de este trabajo diferenciado, aquí es donde surge esa grieta en el muro, ese lugar poco profundo bajo las aguas del río, ese sitio en el que es posible aterrizar bajo las rocas. La universidad necesita este trabajo clandestino para preparar su fuerza de trabajo indiferenciada, cuya creciente profesionalización y tendencias gerenciales, una vez más contra los postulados de los restauracionistas, representa precisamente la exitosa integración de la división del trabajo con el universo del intercambio que comanda la lealtad restauracionista.

23 Leave a comment on Párrafo 23 0 Introducir este trabajo sobre el trabajo, y proveer un espacio para su desarrollo, genera un estado de crisis. De la misma manera en que la policía colonial se veía forzada a reclutar a sus miembros de entre las filas de la guerrilla sin saberlo, la fuerza de trabajo universitaria puede albergar a los fugitivos, los renegados, los refugiados, los náufragos. Sin embargo, la universidad tiene buenos motivos para creer que todos esos elementos se verán forzados a esconderse en el subsuelo. Para eso se han tomado bastantes precauciones: las listas de libros oficiales, las evaluaciones de los métodos de enseñanza, las invitaciones a contribuir a esto o aquello. Y, sin embargo, en contra de todo ello, se alza la inmanencia de la trascendencia, la necesaria desregularización y las posibilidades de criminalidad y fugitividad que el trabajo sobre el trabajo requiere. Comunidades cimarronas de profesores de composición, estudiantes de posgrado sin mentores, maestros marxistas adjuntos, profesores queer o fuera del clóset que enseñan administración de empresas, departamentos de estudios étnicos en universidades del Estado, programas de cine autogestionados, editores de periódicos estudiantiles a los que se les vence la visa pronto, sociólogos procedentes de universidades con una larga tradición negra, ingenieras feministas. ¿Y qué dirá la universidad de todos ellos? Dirá que no son profesionales. Y esta no es una acusación arbitraria. De hecho, es una acusación en contra de los que son incluso más que profesionales. ¿De qué manera aquellos que exceden a la profesión y que por excederla escapan de ella, problematizan a la universidad, obligan a la universidad a considerarlos como un problema, como un peligro? Los Abajocomunes no son, como lo quería Bill Readings al final de su libro, una de esas raras comunidades dedicadas a la fantasía. Los Abajocomunes, sus cimarrones, están siempre en guerra, son siempre clandestinos.

24 Leave a comment on Párrafo 24 0 NO HAY DISTINCIÓN ALGUNA ENTRE LA UNIVERSIDAD ESTADOUNIDENSE Y LA PROFESIONALIZACIÓN

25 Leave a comment on Párrafo 25 0 ¿Pero si uno puede escribir algo en la superficie de la universidad, si uno escribe en la universidad sobre las singularidades—esos eventos que se resisten tanto a la categoría abstracta como individual del sujeto burgués—puede uno decir que no hay espacio en la universidad en sí misma realmente? ¿De seguro sí hay algún espacio para la teoría, una conferencia, un libro, una escuela de pensamiento? ¿De seguro la universidad hace posible el pensamiento? ¿No es el propósito de la universidad en tanto Universitas, como sitio de las artes liberales, transformar a los comunes, transformar al público, transformar a la nación en una ciudadanía democrática? ¿Y no es por lo tanto importante defender a esta Universitas, independientemente de sus fallas, de la profesionalización que se lleva a cabo dentro de la universidad? ¿Pero no nos deberíamos preguntar sobre lo que ya no es de hecho posible hablar en esas charlas en los pasillos, entre los edificios, en los salones de esa universidad acerca de la posibilidad? ¿De qué manera el pensamiento de afuera, en el sentido en que lo utiliza Gayatri Spivak, está excluido ya en este reclamo?

26 Leave a comment on Párrafo 26 0 Los fugitivos saben algo de la posibilidad. Ellos son la posibilidad de producción de conocimiento en la universidad—las singularidades en contra de los escritores de la singularidad; esos escritores que escriben, publican, viajan, y ofrecen conferencias. No es sólo cuestión del trabajo secreto sobre el cual se erige este espacio, aunque por supuesto este espacio se yergue sobre y con el trabajo colectivo. La cuestión es que para ser un académico crítico de la universidad hay que estar en contra de la universidad, y estar en contra de la universidad implica reconocerlo y ser reconocido por la universidad en cuanto tal, y significa instituir la negligencia de ese afuera interno, ese subsuelo inasimilable, esa negligencia de todo lo que es, y en esto hay que insistir, la base misma de las profesiones. Y este acto de estar en contra siempre y de antemano excluye los modos no reconocidos de la política, el más allá de la política ya en funcionamiento, la desacreditada para-organización criminal, eso a lo que Robin Kelly se podría referir como el campo de la infrapolítica (y su música). Así que no sólo es el trabajo de los fugitivos sino su organización profética, la cual es negada por la idea del espacio intelectual en una organización llamada la universidad. Y esta es la razón por la cual la negligencia de la crítica académica es siempre y al mismo tiempo una reivindicación del individualismo burgués.

27 Leave a comment on Párrafo 27 0 Tal negligencia es la esencia de la profesionalización. En efecto, la profesionalización no es lo opuesto a la negligencia sino su verdadero modo político en los Estados Unidos. Y tal negligencia adquiere la forma de una elección que de entrada excluye la organización profética de los Abajocomunes: estar en contra, cuestionar el objeto de conocimiento, en este caso a la universidad misma, no tanto sin tocar sus cimientos sino más bien sin tocar nuestra propia condición de posibilidad, sin admitir a los Abajocomunes y sin ser admitidos por ellos. En este contexto, la única posición coherente es una condición generalizada de negligencia. No tanto un anti-fundamentalismo o un fundamentalismo, puesto que ambos son utilizados para evitar cualquier contacto con los Abajocomunes. Este acto siempre y de entrada ya negligente es lo que nos anima a decir que no hay diferencia alguna entre la universidad en los Estados Unidos y la profesionalización. De hecho, son una y la misma cosa. Y, sin embargo, los fugitivos rechazan rechazar a la profesionalización, es decir, no quieren estar en contra de la universidad. La universidad, por su parte, no reconocerá esta indecisión y, por ello, la profesionalización tomará la forma de aquello que no puede reconocer, su antagonismo interno, su trabajo descarriado, su ganancia. Para contrarrestar este trabajo desobediente, la universidad envía a sus críticos, envía ese reclamo que dice que lo que está más allá de la crítica es puro desperdicio.

Fuente:http://compartencia.edicionespatito.org/los-abajocomunes-capitulo-1-2/